martes, abril 25, 2006

ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

Estando solo en su habitación, miraba el tintineo de las velas en la pared, e imaginaba que eran gigantes caminando directamente a su escondite bajo la tierra…. Empezo a cavar con sus manos… el miedo lo invadia… Seguia cavando tierra abajo rogando que los gigantes no lo encontraran… el miedo se convertia en panico… empezo a cavar cada vez mas rapido, mas rapido rapido rapido... su agujero cada vez era mas ancho y profundo… pareciese que se formara solo y que su trabajo fuese en vano; bueno, no totalmente en vano, porque parecia que igualmente lograba su objetivo: huir de los enormes gigantes reflejados en su pared.
De pronto el agujero empezo a crecer y crecer y Crecer y Crecer Y CREcer y CRECer y CRECEr y CRECERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR hasta que empezo a caer por el mismo… caia y caia, parecia que el agujero, el cual habia empezado el con sus manos no tuviera principio ni fin.
Seguia cayendo a gran velocidad… la oscuridad era total… no divisaba color alguno… nada… absolutamente nada… todo negro negro negro… ¿que habria pasado? se preguntaba a si mismo, el cual se respondia “Quizas te has quedado ciego!”, pero el sabia q esa respuesta era algo ilogica. Solto una risa ironica. ¿Como podia una persona tan respetable como el quedarse ciego?? Era algo absurdo!! Impensable siquiera!! Habia experimentado tantas cosas en su vida y esa seria la ultima que quisiera experimentar! (si no es que tuviese la oportunidad de no experimentarla nunca!)
Varias veces habia repletado su estomago hasta empacharse con pollo KFC, o con algun tipo de comida de sus favoritas, la cual estuviera en promocion. Habia peleado en lodo una vez de pequenio durante un partido de futbol, porque un ninio habia dicho que era “homosexual”. Habia visitado algunas ciudades del mundo. No muchas. Su terror a los aviones era una gran excusa para no tener que salir mucho de su casa.
Al finalizar cada anio recibia al siguiente atragantandose de uvas (y champan, Que buena cosa! Nada como una buena escusa para terminar el anio totalmente ebrio escapando de su monotonia… Solo una vez al anio lo hacia), y corriendo con los bolsillos llenos de dinero, sus calzoncillos rojos bajo sus pantalones y maletas en sus manos, para obtener dinero, amor, y viajes el resto de su vida… el dinero nunca le llego… para los viajes no estaba preparado… pero el amor… el amor le llego varias veces en su vida, aunque para el una habria podido ser la unica… El la recordaba todos los anios mientras vomitaba sus excesos en el escusado del banio de visitas de la tia Catalina al finalizar la fiesta de Anio Nuevo.
Era el ritual de todos los anios; siempre rodeado de sus elegantemente vestidas familiares que se compadecian de su llanto (tias, primas y mama, bastante curiosas, quienes encajaban en el modelo de hermosura según la moda de la epoca). Lo acompañaban mientras el no decia ninguna palabra, Pero este ultimo anio no habia sido asi. El habia confesado su amor por Ana, a quienes se espantaban de la idea de que alguien de su familia podria haberse enamorado de una muchacha… asi.
El lloraba y defendia su amor con todo “es que las otras mujeres no son como ella!”, quisquillaba mientras su garganta se llenaba de bolo alimenticio nuevamente para llenar el escusado con la deliciosa comida de su tia en proceso de fermentación. “Dios nos bendiga por eso!” Respondia su madre, quien nunca estuvo de acuerdo con la relacion, y salio de la habitación algo perturbada. Ninguna podia creerle en ese momento, pensaban que era nomas parte de la borrachera, razon por la cual se quedaron como todos los anios acompañándolo. Su madre sabia que era cierto. Nunca habia dudado de eso, pero nunca lo habia aceptado.
¡Ana! ¡El amor de su vida! (lastima que solo la recordaba cuando llegaba al fondo de su subconsciente llenando su mente de alcohol una o dos veces al anio). El la recordaba como si fuera ayer, y aunque nunca le conto sus sentimientos (gracias a las presiones de su madre), fue la unica mujer con la cual le hubiera gustado pasar el resto de su vida… Ana no era como cualquiera, no; era especial, como ninguna otra mujer sobre la faz de la tierra.
Cuando la conocio ella tenia 30 anios, y el 14. Ana trabajaba en la carniceria de su padre, Don Espasmo Facial, un hombre de unos 60 anios, obeso, moreno, sudoroso, el cual tenia un tic cada segundo en el ojo, al parecer por un accidente en su juventud, el cual le habia alterado el sistema nervioso. Muy pocas veces sonreia, y cuando lo hacia mostraba su dentadura llena de dientes de oro y grandes agujeros. Era algo neurotico, y gritaba a todo el que entrara a su negocio, mientras el estaba el presente, pero el esfuerzo y la paciencia de aguantarlo no era en vano, puesto que sus productos eran los mas frescos de la ciudad… Una verdadera maravilla.
Su madre odiaba con toda su alma a ese tipo, aunque no lo aceptaba… su catolicismo no le permitia el odio al projimo, por eso, y por miedo al infierno, nunca lo comentaba, pero su odio estaba latente ahí. Cuando su padre gano lo suficiente para contratar a una empleada, ella, ni vaga ni peresoza, (y para librarse de los gritos de don Espasmo Facial), mandaba todos los dias a la pobrecilla muchacha a la carniceria, y, aunque varias veces se equivocaba con el pedido (lo cual la ponia histerica! Pobre Maria!), eso era mil veces mas soportable que aguantar al insoportable carnicero.
Para que no se equivocara con el pedido, y como Maria no sabia leer ni escribir, opto por mandarlo a EL. Su consentido! Su pequenio hijo de 14 anios a hacer las compras con Maria, (cuanto se arrepintió anios después de esto!) llevando una lista de lo que se necesitaba. Asi conocio a Ana.
Nunca olvidaria la primera vez que la vio. Era un dia miércoles y acompañaba a Maria, a hacer los pedidos. El refunfuñaba porque preferia quedarse en su casa aguantando los gritos de su madre a la pobre sirvienta que los del Señor Espasmo Facial.
Abrieron la puerta de la carniceria, el ya preparado para los insultos del gran hombre mantecoso, cuando la vio por primera vez. Sus ojos brillaron. Era ella, la mujer de sus sueños.
Morena, bastante robusta y seria (como brava) aparentaba mas edad de la que tenia. Estaba algo sudorosa y despeinada, con sus escasos churos saliendose de la cola de caballo que llevaba, vestida con un delantal blanco lleno de sangre de los cadáveres (que se vendian como pan caliente en el local); se encontraba en ese momento cortandole sin piedad las patas a un puerquito, el cual chillaba de dolor, y parecia dar sus ultimos latidos.
Ana, agil y toscamente, insertaba el cuchillo en la pata del pobre cerdito. La sangre salpicaba en su cara y pelo, mientras fruncia el cenio con sus grandes cejas forzando mas la carne del animalito, quien subitamente dejo de gritar.
El la miraba sorprendido… observaba con atención como ella, con esas manos toscas, llenas de callos y embarradas de sangre, arrancaba crudamente las extremidades del puerquito… Grandes gotas de sangre chorreaban por su cara, mientras ella dejaba al puerquito a un lado para atenderlos. Ella se viro y camino hacia donde el se encontraba. - su corazon dio un brinco… lo estaba mirando a el fijamente… el la miro tambien.

Luego, una voz agresiva, molesta, y algo ronca salio de esa enorme boca “ Te gusta el lechon, niño?” El se quedo callado. Al no oir respuesa alguna, y ver lo impresionado que estaba el pequenio, grito en voz burlona “¿Queeee? ¿Nunca has visto como se mata un chanchito? JAJA ¡Apuesto a que chillarias igual si alguien te arrancaria las patas muchachuelo!!! JAJAJAJAJA!” el quedo perplejo, totalmente enamorado. Luego de unos minutos sonrio timidamente; ella le devolvio la sonrisa mostrando sus grandes dientes llenos de calces. Luego, pasandose la mano gruesa y ensangrentada por el rostro, dirigio su mirada a Maria preguntandole con su voz gravisima “Y Ud? Que desea comprar?”…